El viaje soñado. Parte V

Publicado el : 02/09/2017 18:11:41
Categorías : Gallo Rss feed

El viaje soñado. Parte V

Mi hija Uxue me describe el paisaje que contempla maravillada desde la ventanilla del avión. Pequeños trozos de tierra verde en medio de un océano de aguas cristalinas rodeados de líneas de espuma. A medida que acercamos, se sorprende con la altura de los rascacielos de Honolulu. Al desembarcar ve cómo a algunos turistas les dan el aloha, la bienvenida para entendernos, imponiéndoles un colorido collar de flores, un privilegio reservado para los clientes de algunos hoteles. En fin, tengamos la fiesta en paz me dije, así que compré unos cuantos collares de flores artificiales con los que Uxue y Alejandra se sintieran por un momento un par celebridades agasajadas por algún empleado de su lujoso hotel imaginario.

Después del dispendio anterior no me llegaba para una limusina, ni tan siquiera una de pega, asi que una vez logramos cargar todos nuestros bártulos en un modesto vehículo de alquiler partimos en busca de nuestro apartamento. Una busqueda que, con parada incluida para comprobar la temperatura del agua en la playa de Waikiki, se prolongó hasta bien entrada la noche.

Duke

Junto a la efigie del gran Duke Kahanamoku en la playa de Waikiki

Waikiki es una playa que, además de ser de una belleza extraordinaria, posee una rompiente de lo más peculiar. Es una ola que rompe donde Cristo perdió el gorro y avanza a lo largo de un interminable recorrido. Hasta aquí podríamos estar hablando de lugares como Chicama o Jeffreys, pero lamentablemente, además de ser demasiado pequeña, apenas tiene algo de pared. No puedes hacer gran cosa salvo dejarte llevar con un tablón, trainera o similar y no te queda otra que compartir sus olas con otras doscientas personas entre las que puedes te puedes encontrar gente de todos los niveles. Mientras disfrutas admirando la pericia de algún veterano longboarder es probable que tengas esquivar al novato de turno para que no te decapite. A pesar de todo no conozco un lugar mejor en el mundo para aprender a surfear.

Tronco

Disfrutando de una plácida tarde en el North Shore

Aparte de la visita obligada a la base naval de Pearl Harbor, aún siendo consciente de que no encontraríamos olas, nos desplazamos al North Shore, donde cada año, en invierno, se dan cita los mejores surfistas del mundo. En apenas tres kilómetros se encuentran algunos de los más famosos spots del planeta: Waimea, Off the Wall, Backdoor, Pipeline, Rocky Point o Sunset. Al tiempo le iba relatando a Uxue mis vivencias por aquellos lares con Aritz Aramburu, Adur Letamendia, Mario Azurza, Christian Haro y Jaime Azpiroz, momentos inolvidables que quedaron grabados en mi memoria para los restos.

Premanga

Con Alejandra, mi "coach", momentos antes de la competición

La competición se celebraba en días alternos, así que en mis ratos libres intentaba hacerme a la complicada ola de Waikiki. Desgraciadamente mis mangas coincidieron con mareas demasiado altas, en las cuales la ola se quedaba en nada. Con todo logré superar, no sé ni cómo, las dos primeras rondas. El día de la final pasé muchísimo tiempo intentando decidir con qué tabla debía surfear. Finalmente, ante el temor, casi la certeza, de que las olas me dejaran tirado, me decanté por un longboard inmenso, en el que los remeros de Orio se habrían sentido a sus anchas, que ni siquiera pertenecía al quiver que había llevado. Aquel fue un error que me costó caro y supuso la que posiblemente sería la manga más complicada de mi vida, por lo que lograr el tercer puesto me supo a gloria.

Tablón

En un momento de la competición. ¿Tablón o trainera? Difícil decisión

Cuando aún nos quedaban unas pocas horas de estancia pudimos disfrutar de un estupendo baño en las olas de Ala Moana y de un memorable atardecer en Waikiki con música a pie de playa disfrutando de una magnífica puesta de sol. Espero, a fin de cuentas esta era motivación para emprender este viaje, que Uxue nunca lo olvide.

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