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Conoce a Aitor Francesena

Publicado el : 17/07/2017 10:59:46
Categorías : Gallo Rss feed

Conoce a Aitor Francesena

Soy Aitor Francesena Uria, todos me llaman "Gallo" y esta es mi historia

Mi primer apellido es de Elizondo, Navarra, el segundo de un caserío en Meagas, un barrio de Guetaria, donde crecí entre vacas, gallinas, cerdos, caballos, conejos, ovejas y todo tipo de animales, de los que, por cierto, aprendí mucho. Pasaba el día subiéndome a los árboles, corriendo por el prado y deslizándome por montones de hierba seca, volviendo loca a toda mi familia con mi hiperactividad. Pero me consentían todo porque había nacido con una enfermedad en los ojos llamada glaucoma congénito. Era el niño mimado del caserío.

Cuando cumplí seis años, mi tío, que era músico y había viajado a Estados Unidos, me regaló un patinete. A día de hoy sigo pensando que es uno de los mejores regalos que me han hecho nunca. Con él empecé a darme cuenta de lo que me gustaba deslizarme a toda velocidad.En aquel tiempo era costumbre dar un paseo por el malecón de Zarautz después de la misa del domingo. Y fue entonces cuando vi por primera vez a unos melenudos subiendo y bajando sobre las olas con sus tablas de surf. Los veía disfrutar tanto, tan felices y sonrientes, que yo quería ser como ellos. Pero esto no era posible. Debido a mi enfermedad y a que ya había perdido la vista del ojo derecho tras una operación, mis padres lo consideraban un deporte de altísimo riesgo. Lo tenía completamente prohibido.

Moto

Mi pasión, la velocidad

A comienzo de aquel verano, paseando con mi madre, pasé por delante del cine del pueblo y vi el cartel de un surfista en una ola enorme. La película no era otra que El gran miércoles. Le di tanto la murga a mi madre que al final conseguí ir a verla. Dentro me encontré con aquellos greñudos que había visto en la playa... ¡estaban todos! Aún recuerdo el ambiente que se respiraba en la sala. Fue una auténtica locura. Con cada escena parecía que el cine iba a estallar a causa de los silbidos y los gritos ensordecedores, nunca lo olvidaré. Fue la puntilla que necesitaba para enamorarme definitivamente del surf.

Gran Miércoles

El gran miércoles, la película que marcó mi juventud

Durante el sexto curso de E.G.B. tuve la suerte de que me colocaran en el mismo pupitre que un chico, al que llamaban Cangurito, cuya carpeta estaba forrada con fotos de surf. Le pregunté si hacía surf y me dijo que sólo de vez en cuando, que era su hermano mayor, Canguro, quien lo practicaba. El motivo de este apodo se debía al hecho de que había nacido en Australia y aquello, en el ambiente surfero, tenía su caché. Cangurito y yo nos hicimos muy amigos y, al poco tiempo, ya le tomábamos prestada la tabla a su hermano, que estudiaba fuera de Zarautz. Al final Canguro descubrió que le cogíamos la tabla y aunque no le hizo demasiada gracia, en vez de darme un par de collejas, terminó tomándome aprecio. Fue la primera persona a la que vi despellejar una vieja tabla, de marca Itxastresna, para darle forma a una nueva a la que bautizó con el nombre de Koala. De él y de la gente que venía de otros paises a trabajar a Pukas aprendí el oficio de fabricar tablas de surf.

Canguro

Canguro, leyenda viva del surf en Zarautz

Unos años más tarde a alguien se le ocurrió que dar clases de surf era una idea factible. El primer verano un puñado de padres nos confió a sus hijos para que aprendiesen a surfear al tiempo que nos ocupábamos de ellos como si de una guardería se tratase. Fuimos los primeros sorprendidos al comprobar que cada temporada la demanda se incrementaba exponencialmente; llegamos a tener tantos alumnos que el espacio que ocupaban las tablas sobre el malecón impedían pasear a la gente. Al final, no nos quedó mas remedio que mendigar un espacio al ayuntamiento para montar lo que a la postre sería la primera escuela de surf del país. La experiencia adquirida a lo largo de estos años nos permitió crear una metodología de enseñanza, referente para las innumerables escuelas que se crearon a posteriori.

De forma inesperada, el padre de uno de aquellos chavales que acudía a las clases de verano, nos sugirió la idea de seguir entrenando en invierno. Con esta idea en la cabeza me propuse desarrollar un plan de entrenamiento con el único fin de lograr grandes campeones y así, tuve la suerte de ponerlo en práctica con deportistas de renombre como Aritz Aranburu, Eneko Acero, Axi Muniain, Mario Azurza y otros grandes surfistas.

Adur

Con Aritz y Adur

Habiendo logrado con éxito un objetivo más y, cuando parecía que estaba en el mejor momento de mi vida, el único ojo con el que veía comenzó a fallar, precisando de varios trasplantes de córnea. Cuando estaba esperando el tercero tuve la mala suerte de caerme en una ola golpeándome con el agua, lo que me hizo perder completamente la vista. Siempre había predicado que la vida es dura, exigiendo el máximo a los demás... ahora me tocaba a mi aplicarme el cuento. Cuando te ocurren estas cosas todo el mundo te da consejos y uno de ellos fue el de plasmar en un libro los conocimientos que había ido acumulando a lo largo de mi trayectoria y aquellos que me habían transmitido mis mayores. Y así, gracias al trabajo del equipo que reuní para llevarlo a cabo (Consuelo Carrere, Elena Eiras y Alex Sánchez) llegaron Las olas contadas y Querer es poder, con los que cosechamos un gran éxito.

Koala

Mis ojos en el agua, Ibon Illarramendi

Pero no me iba a conformar con esto y, aunque incluso a mi me parecía un despropósito, volví a surfear. En cuatro años he conseguído ser Campeón de España en la categoría de Surf Adaptado para invidentes en dos ocasiones y Campeón del Mundo... y espero que esto sólo sea el comienzo. A día de hoy intento compaginar mi trabajo como entrenador y mi propia preparación para seguir compitiendo, con la creación de una serie de cómics titulados...

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No podría terminar esta nota autobiográfica sin dedicársela a mi hija... ¡Te quiero Uxue!

Uxue

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